por la letra de la ley

una fecha inolvidable


Para todos nosotros fue la del primero de junio de 1870 porque ese día fue cuando recibimos la más esperada de las noticias: el Estado declaraba exentos de dependencia, y por lo tanto libres, a todos los negros llegados a Cuba en naves presas entre 1849 y 1853. ¡Seiscientos emancipados obtenían la libertad! El decreto, firmado por Caballero de Rodas en Puerto Príncipe, informaba de que el Capitán General entregaría “cartas de exención de gobierno” a los negros de tres expediciones: los del "Santa Clara", apresado en 1849 con 172 africanos a bordo, los del "Cárdenas", capturado en 1851 transportando 402 bozales, y a los 26 del "Granadilla", que era la nave en la que Misterio había llegado a La Habana.
En Amargura festejamos la noticia por semanas. ¡Mi cuidandera había dejado de ser colona emancipada y accedía a la condición de libre de color! El júbilo de mi padre fue tal que no descansó hasta dar con un ejemplar del decreto para regalárselo: Nuestro sereno mundo asistía a los prolegómenos de un cambio que ya no tendría vuelta atrás. Una aventura que muchos presagiaban dilatada y repleta de dificultades, pero arrolladora e imparable porque Cuba iniciaba, con pasos temerosos, el complicadísimo viaje que iba a poner en el ojo del huracán a los hacendados esclavistas. En efecto, treinta y tres días después, el 4 de julio de 1870, estalló la bomba. En Madrid, con Serrano como Regente y Prim de Jefe de Gobierno, las cortes españolas habían acordado los términos para la abolición del estado de esclavitud en nuestra isla. Se aprobaba la ley Moret que de inmediato pasó a ser conocida como de “Libertad de vientres”.
Ulises estaba tan contento que se aprendió de memoria los primeros artículos y los recitaba, cual perico deslenguado, a quien quisiese escucharle:
Artículo 1 Todos los hijos de madres esclavas que nazcan después de la publicación de esta Ley, son declarados libres.
Artículo 2 Todos los esclavos nacidos desde el 17 de septiembre de 1868 hasta la publicación de esta Ley son adquiridos por el Estado mediante el pago a sus dueños de la cantidad de 125 pesetas.
Porque, aunque muchos se negaban a creerlo, esta vez sí que el baile no tenía retroceso: habían aprobado la “libertad de vientres” y a partir de ya en Cuba todos los niños, fuese cual fuese la condición de sus madres, nacerían libres.

Fragmento del capítulo 9 de “Una casa en Amargura”

Una historia de esclavitud en la Habana colonial

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